Parque de nieve Batea Mahuida, en Villa Pehuenia

A 310 kilómetros de la capital neuquina, escondida entre montañas, y rodeada por los imponentes lagos Aluminé y Moquehue, cobra vida el encanto de Villa Pehuenia, un tesoro patagónico que con sólo 18 años de vida se transformó en un destino obligado para los amantes del Sur del país.

Y motivos, en realidad, no le faltan. Pero hay un detalle en especial que diferencia a esta localidad del resto: el cerro Batea Mahuida, el único parque de nieve de la Argentina que es dirigido y administrado por aborígenes.

Desde el 11 de julio de 2000, la comunidad mapuche Puel es la encargada de llevar adelante este proyecto, que crece año tras año en el rincón de la Cordillera. El cerro Batea Mahuida (en mapuche significa depresión de la montaña, ya que está en forma de recipiente) funciona al pie del volcán que lleva su mismo nombre y está ubicado a 1.600 metros de altura. Y allí no sólo puede practicarse el esquí alpino y de fondo: el snowboard, las caminatas con raquetas y los paseos en trineos tirados por perros samoyedos y siberianos también forman parte de las actividades.

“Llegan turistas de muchos puntos del país, pero la mayoría de los que recibimos provienen de Buenos Aires, Córdoba, Santa Fe y Chile”, señala el mapuche Manuel Calfuqueo, jefe de explotación del complejo. Y agrega: “Para nuestra comunidad es un orgullo y una responsabilidad poder contar con un lugar como este. La gente que llega también lo respeta mucho, nos ayuda a cuidarlo y a mantenerlo en buen estado”.

En sus orígenes, los mapuches (mapu=tierra, che=gente) se desplazaban de un lado a otro y llegaron a ocupar toda la zona entre el sur de Mendoza y el norte de Chubut, desde la Cordillera de los Andes hasta el sudoeste de La Pampa, Río Negro y Buenos Aires. Pero una vez finalizada la Conquista del Desierto, las pocas familias que quedaron sobrevivieron dispersas a lo largo y a lo ancho de Neuquén. La riqueza de su cultura se refleja en cada una de las manifestaciones de la vida cotidiana: religión, música y comida mantienen viva la tradición de este pueblo.

En el parque de nieve, además de las tres pistas, funciona un restaurante de dos pisos y pueden adquirirse artesanías regionales. “Desde su creación, nuestra localidad ha crecido mucho a nivel social y turístico. Y seguiremos trabajando para que ese crecimiento continúe sosteniéndose con el paso del tiempo”, asegura el intendente Mauro Del Castillo. Un dato interesante: en la actualidad, Villa Pehuenia cuenta con alrededor de mil plazas hoteleras, casi la misma cantidad de sus habitantes.

La posibilidad de realizar un intercambio cultural cara a cara con las creencias, las costumbres y la gastronomía de otra comunidad es el valor agregado que posee el Batea Mahuida, que se encuentra a cinco kilómetros de la frontera con Chile.

La fuerza de la naturaleza se encarga de darle al lugar un marco único, como salido de las páginas de un cuento: cerros nevados, lagos cristalinos, cabañas de madera y, sobretodo, mucha paz. En Villa Pehuenia se jactan de que si uno cierra un instante los ojos podrá escuchar el verdadero silencio. Y, sinceramente, no es algo como para despreciar.

Fuente: Suplemento Conexiones, Diario Clarín.